Con el invierno a las puertas, las zonas de montaña de buena parte de Europa empiezan a acumular gruesos de nieve considerables. En algunas áreas, la entrada de aire frío ha sido tan repentina que ha producido fenómenos tan atractivos y sorprendentes como el descubierto en el macizo montañoso de los Tatras, en Eslovaquia.
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