jueves, 18 de diciembre de 2014

La narcosis, el éxtasis de las profundidades

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La sensación de libertad bajo el mar. Los océanos cubren el 71% de la superficie de nuestro planeta Tierra, un espacio poco conocido que siempre ha generado una atracción sobre el individuo. Poder ir más allá del horizonte, alcanzar otros continentes, extraer sus riquezas o intentar penetrarlo para poseerlo.


Lo que se dice “bucear a pelo”, conocido como “apnea”, ahora es una práctica deportiva extrema, el lograr sumergirse hasta lo más profundo con tan solo una bocanada de aire.


Durante muchos siglos, en las aldeas pesqueras de Japón se practicaba la pesca bajo el mar, lo realizaban mujeres buceadoras, lo que se conocía como “Ama”. Se lanzaban al mar en busca de los mejores alimentos, y sí lograban capturar una perla en el interior de una ostra les había tocado el mejor premio para el que se habían preparado desde su juventud.


Ahora la práctica del buceo en apnea es exclusiva de los buceadores deportivos, que han encontrado en esta modalidad de surcar las profundidades marinas una vía hacia lo extremo, hacia un filo de navaja entre la vida y la muerte. Hacia un submundo de sensaciones trópicas, hacia la dualidad del mensajero químico entre hormona o neurotransmisor. A padecer los efectos de la narcosis, la alteración reversible del estado de conciencia del individuo en el buceo.


Guillaume Néry, campeón del mundo de apnea hasta los 113 metros de profundidad, que aguanta sin respirar bajo el agua hasta 7 minutos; que ha llegado a esta actividad deportiva por un sueño de niñez, quería ser astronauta pero descubrió la vida bajo el mar, ha dado un paso más allá produciendo video submarinos sobre la apnea, en lo que para él es una forma de vida el crear junto la también francesa Julie Gautier una nueva visión de la sensación de libertad en el interior del agua.




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